El abogado 3.0

Siete de cada diez bufetes de abogados ya está presente en Internet. Concretamente, el 63 por ciento de los despachos cuenta con una página web, mientras que un 10 por ciento la está desarrollando. El coste económico y la falta de tiempo son las principales causas a las que aluden aquellos que no han comenzado a gestionar el salto a la red.

 
De estas cifras se extrae una rápida explicación: el sector es consciente de la relevancia de apostar por el formato digital para adaptarse a las nuevas demandas y poder ser competitivos. Según los estudios realizados, tres de cada cuatro bufetes sostienen que la presencia en Internet con una página web es un requerimiento del mercado para asegurar el éxito presente y futuro de la empresa. Las estadísticas lo confirman: señalan que en España el 90 por ciento de la población ha leído opiniones de otros usuarios a través de la red en alguna ocasión y un 28 por ciento mantiene que las consulta siempre para conseguir información sobre productos y servicios. De estos datos se desprende la importancia de desarrollar una imagen adecuada a través de Internet y las redes sociales, ya que, en función de ella, se abre la oportunidad de establecer un nuevo canal de comunicación tanto con los clientes actuales como con los potenciales.

 

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En este contexto revolucionario surge una novedosa figura: la del abogado 3.0 o ciber-abogado, un profesional capaz de gestionar su entidad jurídica y entender su firma como cualquier empresa de servicios. Es decir, un letrado que ha culminado las fases de crear una página web de su despacho, contar con un perfil en las plataformas sociales y prestar servicios a través de la red. O lo que es lo mismo, un experto jurídico con la capacidad de rentabilizar su trabajo de forma eficiente, aprovechar los cambios para convertirlos en oportunidades, crear sinergias con otros profesionales y gestionar el mensaje y contenido que se comunica al exterior.

 
El abogado 3.0 apuesta por fidelizar a sus clientes, con quienes mantiene una relación bidireccional basada en la confianza y en dar respuesta a sus necesidades. El término significa, por lo tanto, un cambio de actitud y una adaptación a las nuevas tecnologías y demandas de los usuarios para prestar el mejor servicio al cliente, algo que, sin duda, repercutirá sobre los beneficios.

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